
TRASCENDENCIA

"Trascendencia" es una palabra poderosa en su significado español. La palabra tiene su origen en el latín, pues de ahí deriva nuestro idioma, y es merecedora del siguiente análisis etimológico: Trans (de un lado a otro); scandere (trepar, escalar); nt (agente, el que hace la acción); más el sufijo "ia" (cualidad). Su traducción literal del latín (transcendentia) es el siguiente: "cualidad que está más allá de los límites naturales".
El significado moderno de la palabra, varía de acuerdo al contexto en que se la usa, por lo que en esta misma palabra encontramos diferentes acepciones significativas, así, si hablamos de filosofía, hace referencia a que está más allá del límite de un conocimiento; si hablamos de matemática, se dice de un procedimiento o ecuacion, que no es algebraico. Trascender, puede significar "empezar a hacer conocida una cosa, persona o mensaje". Sea como fuere, en casi todas las acepciones se encuentra implícita la idea de sobrepasar un límite, trascender.
La trascendencia es un tema central en las Escrituras pero demasiado relegado en nuestras vidas y ministerios. Dios es un Dios trascendente, en el sentido de que sobrepasa todos los límites del universo que nos rodea y más (1 Re. 8:27), Él habita la eternidad (Isa. 57:15) y Su Deidad misma ES la eternidad (1 Jn. 5:11; Jn. 17:3; Isa. 40:28).
Algo que deberíamos saber, es que así como Dios es trascendente, sus hijos, es decir: aquellos que lo recibieron como el Señor y Salvador de sus vidas, en los términos de Juan 1:12 y Romanos 10: 9-10, también son llamado a vivir vidas que traspasen los límites de lo ordinario o común:
- "Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;" - Romanos 2: 5-8
¿Qué buscamos aquellos que creímos en el evangelio de Jesucristo? "Gloria, honra e inmortalidad". La inmortalidad o vida eterna, sin duda representa un límite a sobrepasar. La muerte es entonces, el límite y nosotros, si nos sometemos a la dirección de Dios, seremos conducidos inevitablemente hacia la trascendencia, porque hemos sido llamados a trascender. ¿Y cómo lo hacemos? ¿En qué sentido trascendemos?
Por lo menos, deberíamos trascender en las siguientes áreas de nuestro ser:
- En el plano físico: Este cuerpo físico y mortal, deberá ser reemplazado por uno físico e inmortal (1 Cor. 15:54; 2 Cor. 5:1; 1 Cor. 15: 50,51)
- En el plano espiritual: Somos llamados a vivir para Cristo (Rom. 12:1; 14:8; Gál. 5:25)
- En el plano histórico: Debemos perpetuarnos en la memoria de las futuras generaciones, afectándolas con el evangelio (Gén. 18:17-19; Deut. 6: 6,7)
Una Vida Extraordinaria
- "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." - Efesios 2:10
La razón por la cual Dios nos hizo (hechura suya), es para que hagamos aquellas "buenas obras" que Dios "preparó de antemano". Las obras o las cosas que hemos de hacer mientras estemos en este cuerpo mortal, no son anhelos propios, ni metas personales, son cosas que Dios mismo preparó, para cada uno de nosotros y por ende, han de ser extraordinarias y buenas; dos características propias de la naturaleza Divina.
La vida de cualquier persona está construida por las acciones que realiza. Nuestras acciones y decisiones nos definen. Ellas resaltan nuestro carácter y definen nuestras creencias, porque obramos en función de lo que creemos que es mejor para nosotros, por lo que cada una de las cosas que hacemos, delatan la escala de valores que manejamos. Aquellas cosas que son más valiosas para nosotros, serán prioritarias, mientras que el resto, irá ocupando su lugar de "pendientes" en una escala progresiva de valores que Dios permite que elaboremos.
Dios quiere que vivamos una vida extraordinaria (Jn. 10:10) y para ello, nos ha preparado obras extraordinarias (Efe. 2:10). Sin embargo, las cosas que Dios nos pide que hagamos, no siempre nos parecen tan extraordinarias, y esto se debe, a que nuestra escala de valores, no contempla como algo extraordinario el bautismo (Mat. 28:19), asistir a la iglesia (Hbre. 10:25), o simplemente, escuchar la predicación de nuestro pastor (1 Cor. 1:21). Observemos nuestro orden de prioridades ¿Qué crees que estará primero en la escala de valores de Dios: tu familia o la iglesia? (Efe. 5:25; Mat. 10:37). Debido a todo esto, Cristo nos desafía a cambiar dicha escala de valores, pero para hacerlo, es necesario que aprendamos a evaluar las cosas, correctamente (Mat. 13:44-46):
- "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria, no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas." - 2 Corintios 4:17,18
Una vida que trasciende es una vida extraordinaria, y sin embargo, aunque todos tenemos la oportunidad dada por Dios de trascender, no lo hacemos. Admiramos y hablamos del Apóstol Pablo, pero nos cuesta entender lo que realmente quiso decir cuando escribió: "Pero cuantas cosas eran para mí ganancias, las he estimado como pérdidas por amor de Cristo" (Fil. 3:7), "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál. 2:20), "Os ruego, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo" (Rom. 12:1), que en definitiva, no es otra cosa que poner en práctica las palabras de Cristo cuando dijo: "El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí" (Mat. 10:38).
Las Obras De Dios Son Trascendentales
Todo lo que Dios hace trasciende todos los límites de la comprensión humana. Sus obras son extraordinarias porque son un reflejo de lo que Él es, y por lo tanto, no es posible que pensemos que lo que Él nos mandó a hacer, es algo que quedará en el olvido. No. Trabajar para nuestro Creador nunca es en vano (1 Cor. 15:58), y es por eso que todo lo que hagamos en Su Nombre, con la convicción de que Dios nos lo mandó a hacer, debe trascender los límites de nuestra propia existencia. Esto que digo, es algo que podemos verificar a lo largo de toda la Biblia. Dios le prometió a Abraham que de sus lomos saldría una gran nación, y aunque comenzó a obrar en la vida de Abraham hacia aquella dirección, Abraham nunca la vio. Abraham, Isaac y Jacob: tres generaciones pasaron, más 400 años, hasta que aquella nación surgió. Sin embargo, tal como Dios lo anticipó, aquella nación no sólo trascendió la vida de cada uno de los patriarcas, sino que la misma vida de Abraham rebasó todos los límites imaginados por él mismo, a punto tal, que tras miles de años, millones de personas lo conocen y estudian su vida, pues las mismas Escrituras lo posicionan como un ejemplo del tipo de fe, que debemos ejercer para ir al cielo (Romanos 4). Un buen ejemplo de que si hacemos las obras que Dios nos preparó de antemano, indefectiblemente trascenderemos, es Hebreos 11, donde cada persona mencionada en este capítulo, inclusive las anónimas, se las nombra como trascendentes. Rebasaron los límites de lo esperado y glorificaron a Dios con sus vidas y con sus muertes.
En vista de lo expuesto, entonces no es posible comenzar una iglesia, con la idea de que ésta dejará de ser. No deberíamos tampoco, pastorearla pensando en que siempre lo haremos, que siempre estaremos ahí. ¿No deberíamos mejor, desde el primer día de trabajo, orar para que Dios nos envíe para preparar a la persona que nos sucederá? Porque sin duda, si realmente es la obra de Dios, nos trascenderá, pero si no lo es, la misma morirá con nosotros.
En el libro de Hebreos se nos mencionan personas que fueron aserradas (horrible forma de morir ¿no?), que a causa de las persecuciones vivieron errantes. No se nos mencionan sus nombres, pero sí su existencia, la de ellos y la de sus viudas. Sus nombres no trascendieron, pero por alguna razón desconocida, Dios decidió que estos "héroes anónimos" fueran mencionados junto a Enoc, Abraham, Moisés o David. Sus vidas sí trascendieron y con estas menciones anónimas, nuestro Señor nos recuerda que no es tan importante que la gente recuerde nuestros nombres, como lo que Dios hizo con nosotros y para Su gloria.
Esto me recuerda la vida de mi primo Augusto. Cuando lo conocí era una persona amargada que maltrataba a todos a su alrededor. Creía que tenía todo el derecho de estar enojado, ya que debido al tratamiento contra el cáncer recibido, antes de que terminara sus estudios primarios, su médula espinal quedó deshecha. Le salvaron la vida, pero de las axilas para abajo, no sentía su cuerpo. Recuerdo que comencé a frecuentarlo a mis 18 años. Me "escapaba" largas horas a su casa, ya que como todo adolescente, nunca quería estar en mi propio hogar, y Augusto tenía su propia habitación con su propia computadora e impresora. Nos gustaba la tecnología y él me permitía disfrutar de su pequeño mundo. -"¿Querés un té?" -me preguntaba, y bastaba que le dijera que sí para mirarme fijamente a los ojos y gritar tan fuerte como podía: -"¡Mamáaaaa!". Ante mis primeros sobresaltos esbozaba una carcajada y cuando la madre entraba, le decía: -"Traenos un té para los dos". Yo quedaba azorado por aquella falta de respeto con que trataba a su madre, pero como me agradaba pasar tiempo con él, lo soportaba. Los años pasaron y el fruto de esas charlas fue que él me enseñó muchos trucos de magia y yo, le enseñé de Cristo. Cuando aceptó a Cristo su vida cambió a tal grado, que hasta llegó a ser tesorero de la iglesia, encargado de la limpieza de baños y luego, enseñó en la escuela dominical y lideró un grupo de hermanos que durante años fueron a un asilo de ancianos a hablarles de Cristo una vez por semana. Siempre me aseguraba sus oraciones, cuando hablábamos de lo que Dios estaba haciendo en mi vida. Siempre me decía que estaría orando, y me llamaba para saber si su oración había sido contestada. Tanto oró por mí, que llegué a pensar que mis decisiones a favor de Cristo, fueron la contestación a sus plegarias. Finalmente partió a la presencia del Señor a los 33 años de edad, por lo que le dediqué las siguientes palabras:
La amistad tú me serviste,
y lealtad sin miramientos.
Sin importar que dijeron,
no te tragaste ni un cuento.
Taza de té de por medio
me calmó las ansiedades...
y una charla fue el remedio
que alejó todos los males.
Largas pláticas de noche,
llorar a veces, despacio,
y tus risas sin reproches
dieron forma a nuestro espacio.
La ilusión forjó tu vida,
y de ilusión estudiaste,
me enseñaste de ilusiones,
delirios y sueños forjaste.
La lección fue que el dolor,
no retrasa la sonrisa.
Tú reíste más que yo,
siendo esclavo de una silla.
El dolor que no comprendo,
tuviste que soportar,
no sólo el dolor del cuerpo,
tu alma debió llorar.
Te amaron y tú te diste,
te quejaste y sufriste,
carcajeaste y sonreíste,
tuviste tus noches tristes
Te dieron la mano, hermano.
Tu mano también tendiste.
Elegiste cuando irte,
y hasta al marchar, viviste.
Tal vez un ignorante dirá:
¡Cuánto sufriste!
Mas los que te supimos, diremos:
"Bien. Trascendiste".
- "Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen." -Apocalipsis 14:13